Trabajar en el extranjero: Experiencia propia y consejos (Segunda parte)

Para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero.
       El hecho de emplearse en cualquier lugar o montar una especie de negocio propio fue algo que estuvo rondando por nuestras cabezas durante mucho tiempo. ¿Íbamos a lo seguro, aunque los salarios dieran pena o nos arriesgábamos sin tener seguridad de que fuésemos a ganar? Lo cierto es que después de mucho pensarlo, tomamos la decisión de correr riesgos. Y por suerte, no nos arrepentimos.  Así que  por nuestra experiencia no podemos más que aconsejarles que se arriesguen a hacer algo por su propia cuenta, sea lo que sea, por varias razones:
La primera es que resulta muy difícil conseguir un empleo que realmente nos sea útil para nuestra meta, que se supone debería ser ahorrar para continuar viajando, ya que en la mayoría de lugares al notar tu condición de extranjero, te pagan un sueldo muy por debajo de lo deseado. Eso sin contar la cantidad de negocios que no te toman por no tener papeles. Claro que tampoco es imposible. En Montañita, Ecuador, nos encontramos con una gran cantidad de argentinos trabajando en bares, restaurantes, hostales, etc.
        Por otro lado, el hecho de armar algo propio nos permitió obtener la libertad necesaria para seguir conociendo la ciudad y para manejar nuestros propios tiempos según el interés de cada uno. En mi caso, por ejemplo, algunos días trabajé menos para no perderme un partido de fútbol de mi equipo. O para extraviarme en las angostas calles del centro histórico de la ciudad por un tiempo. ¿Cómo nos fue? No sólo vivimos un mes en Quito, dándonos algunos lujos de vez en cuando, sino que ahorramos lo suficiente como para recorrer toda la costa ecuatoriana.
       
       Otra de las cuestiones que nos fue muy útil para ahorrarnos algunos dólares fue el hecho de intercambiar lo que nosotros mismos preparábamos mano a mano por comida. De esa forma teníamos un doble beneficio: Por un lado no gastábamos el dinero que juntábamos y por otro, muchas veces lo que nosotros ofrecíamos tenía un costo menor a lo que nos daban. Tranquilos, que ya me imagino lo que están pensando. No estafábamos a nadie. El hecho de intercambiar mercadería con otros vendedores es una práctica habitual entre ellos y si te conocen o te ven que estás trabajando, muy difícilmente te digan que no a una proposición de intercambio. Así que relájense y anímense.
      
Por último, algo que generaba cierta inquietud en uno de mis conocidos era el trato de los lugareños al vender en los mismos lugares que ellos. ¿Lo permiten? ¿No se enojan? La respuesta es: Depende. Las comunidades aborígenes suelen ser cerradas y a la mayoría no les hace demasiada gracia que te pongas a competir con ellos. Sin embargo, también hay muchos comerciantes que no tienen ningún problema y que hasta pueden llegar a comprarte lo que sea que vendas. A nosotros, en Quito, nos ocurrió que al principio nos miraban mal y nos sacaban de algunos sectores del parque. Pero con el paso del tiempo, y una siempre necesaria dosis de respeto, al cruzarnos todos los días, fueron aflojando hasta que terminamos charlando lo más bien. Incluso cuando les contamos que nos íbamos llegaron a decirnos que nos extrañarían. Y como dije antes, hablar con la gente del lugar siempre ayuda. 


¿Trabajaste alguna vez en el extranjero? ¿Cuál fue tu experiencia? Comentanos así ayudamos a otros viajeros.

2 comentarios:

  1. Muy bueno!!!!!!!!!!!
    silvia

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  2. Muy bueno! Para tener en cuenta llegado el caso.Pelu

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