Trabajar en el extranjero: Experiencia propia y consejos (Primera parte)

Centro Histórico de Quito

       Recién cuando me preguntaron: ¿Cómo es trabajar en el extranjero?, recordé que antes del viaje era una de las cosas que más me incomodaba, que más incertidumbre me producía. Porque una cosa es trabajar fuera de tu país con papeles, establecido, y otra muy diferente es hacerlo de ilegal. Entonces, decidí que debía contar algo de nuestras experiencias para que quienes estén pensando en hacerlo se animen y disfruten desde el primer momento. Por eso, si quieren saber qué hicimos, dónde y cómo, pasen y lean.

       Comenzamos a probar suerte en Quito, vendiendo frutillas con crema. Días atrás, en Otavalo, habíamos conocido a dos argentinos que lo hacían y que nos aseguraban que era una buena forma de sustentarse para seguir viajando. Hay que admitir que al principio nos costó horrores. Estábamos nerviosos, inseguros y hasta nos daba vergüenza. La voz me salía entrecortada, como si estuviese hablando arriba de un auto que se desliza velozmente por un camino de ripio. Y lo peor no era eso, lo peor era que yo lo notaba, cosa que hacía que me pusiese más nervioso aún. Para colmo, cuando nos separábamos se me cruzaban miles de ideas por la cabeza: ¿Y si Sabry era detenida por migraciones y yo nunca me enteraba? ¿Y si yo era detenido por migraciones y ella nunca se enteraba? ¿Y si nos detenían a ambos, nos deportaban y se acababa nuestro viaje? En esos momentos de incertidumbre total, la cabeza funciona a mil por hora, mientras que el cuerpo hace todo lo contrario, se entumece, parece inmovilizarse. Aún así, continuamos saliendo todos los días y poco a poco fuimos soltándonos cada vez más, lo que traía consigo una esperable mejoría en las ventas. Por fin, comprobamos que el negocio era verdaderamente rentable y que no podía haber  mejor lugar que una capital para establecerse un tiempo y juntar dinero para continuar nuestra travesía. Nosotros decidimos asentarnos y vender frutillas con crema, pero lo primero no es necesario, ya que se puede trabajar sólo para ganar lo justo para cada día. Y con respecto a lo segundo, yo diría que se puede vender casi cualquier cosa. En Cusco conocimos a una limeña que salió de su ciudad con prácticamente limosnas y vendiendo trufas de chocolate en los colectivos llegó a ahorrar muchísimo dinero.
       Así que decidimos alquilar una habitación cerca del Parque El Ejido, abastecernos de todo lo necesario en el Mercado de Santa Clara y salir a ofrecer nuestras frutillas, tanto en el parque como en la Universidad Católica, que quedaba a unas cuadras. Tuvimos suerte por dos cosas: Primero porque en Ecuador las frutillas con crema no se consumen demasiado, se comen, más que nada, con espumilla, que no es otra cosa que el merengue. Y segundo porque el 10 de Agosto se festejaba el día de la independencia con un recital gratuito que prometía movilizar a muchas personas. Ese día, no sólo vendimos como nunca, sino que nos vimos el recital de No Te Va Gustar desde una ubicación privilegiada. Todo marchaba asombrosamente.
       Ahora, hay algunas cosas que habría que tener en cuenta antes de elegir el lugar en donde vayamos a vender lo que sea que hagamos. En Ecuador no tuvimos ningún inconveniente, pero en Bolivia es bastante más complicado y conocimos varios casos de argentinos que fueron deportados. Lo que aconsejo es evitar vender en lugares turísticos, donde migraciones suele estar bastante más pendiente. Baños en Ecuador o Copacabana en Bolivia, por ejemplo, son lugares poco propicios para lanzarse a la aventura.
Otra de las cosas que puede resultar útil es hablar con gente que esté vendiendo en el lugar para informarse acerca de la conveniencia o no de ofrecer lo que sea que ofrezcamos. La realidad es que, por suerte, se van a encontrar con muchas personas que están haciendo lo mismo y que suelen mostrarse siempre dispuestas a aconsejarnos o tendernos una mano.
       También recuerdo que otra de las cosas que me ponía nervioso antes de viajar, era cómo sería el cruce de fronteras cargando una importante cantidad de mercadería para vender. Nosotros habíamos hecho antes de salir distintos tipos de pulseras y aros, que llevábamos en las mochilas con la intención de hacer algún extra de dinero.(¡¡¡Gracias Laura por enseñarnos!!!) Ahora comprendo que muchas veces, lo desconocido genera un miedo pocas veces justificado. (TUITEA ESTO) Jamás nos revisaron nada (Ni siquiera en el vuelo hacia Bogotá) y hasta pudimos venderlas sin ningún tipo de inconvenientes, así que las artesanías son otra buena opción para solventarse un viaje de este tipo. Con esto último no descubro nada, pero quizás tranquilizo a quienes están pensando en hacerlo por primera vez.
       Pronto voy a subir una segunda parte del post, que decidí dividir en dos para que no se haga largo.



¿Trabajaste alguna vez en el extranjero? ¿Cuál fue tu experiencia? Comentanos así ayudamos a otros viajeros.

5 comentarios:

  1. La voz entrecortada, las manos que tiemblan, decir bien por lo bajo "frutillas con crema" como para q nadie escuche fue solo el principio... rescatemos q luego la gente se amontonaba por comprar las deliciosas fresas!!! Experiencia unica! Hasta daba placer! Q bueno q hagas info util de esto para el resto!

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  2. Muy buena la descripción! Mucha suerte en la ruta!!

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  3. Buenisimo chicos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! sirve y mucho, gracias!!!!!!!!!!!!!! soy dario

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  4. Otra de las experiencias que te van formando y definiendo! Que lindo esta narrado!!
    A ver si esta vez me sale el comentariooo

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