Otavalo: Una fiesta con pura esencia latinoamericana

     
Los músicos que alegraron la velada.
       La mujer, que aguarda nuestra respuesta pacientemente, sonríe con aire despreocupado, como si acostumbrara a invitar a desconocidos con frecuencia. Dudamos un instante, y yo imagino que la incredulidad y el cansancio se nos debe notar en la cara a partes iguales, porque la mujer ahora amplía un poco más la sonrisa y nos observa con un gesto similar al de la compasión. Ambos entendemos que no podemos dejar pasar una oportunidad como la que se nos presenta y cuando conseguimos salir de nuestro asombro, contestamos con un sí, claro y animado.

       La invitación corresponde a un pedido de mano de un joven a una muchacha de la comunidad. Según nos cuentan, cada joven que desee casarse, debe pedirle a la familia la mano de la mujer en cuestión y llevarle distintos tipos de ofrendas, aunque aclaran en todo momento que cada ceremonia es distinta. Así que, bajo ese manto de incertidumbre que nos envuelve y nos fascina, nos cambiamos y pronto abordamos la camioneta que nos llevará a la fiesta. La ruta está desolada y, en la oscuridad, los faroles delanteros parecen los de un barco perdido en el medio del mar. El viento helado me golpea en la cara. Hace frío, mucho frío y junto a mi, en la caja del vehículo, viajan dos personas más: Un francés, alto y de facciones rígidas, y un lugareño que, de tanto en tanto, ríe sin motivo aparente y lanza miradas frenéticas hacia los costados. No puedo evitar sentirme Sal Paradise en una de sus aventuras por la carretera. Fantaseo que a mi lado viajan Carlo Marx y Dean Moriarty y que abrimos una botella de whisky para abrigarnos del frío, y que en cualquier momento Dean saldrá con alguna de sus locuras y tendremos que seguirle el paso. Imagino que Thoreau me susurra al oído que «nunca es demasiado tarde para renunciar a nuestros prejuicios». Oigo, en el silencio de la noche, un silencio absoluto y distante, a Chris Mccandles que me recuerda que «la felicidad sólo es real cuando es compartida» Así, bajo un cielo fabulosamente estrellado, yo sueño despierto y me siento como en una especie de trance, que nada tiene que ver con alcohol o los estupefacientes. Un trance genuino y nítido, despojado de cualquier vicio mundano. Es algo que va más allá, que trasciende todo.
Bailando entre cuises.
        Al llegar, me reúno con Sabry, a quién le había tocado la comodidad de los asientos traseros de la camioneta, y nos disponemos en la entrada de la choza, muy cerca de los músicos. La primera reunión es en la casa del pretendiente, un joven con aspecto infantil y nervioso que cuando sonríe, deja al descubierto una marcada timidez y algo parecido al miedo. La gente va y viene con cuencos de comida y gaseosas mientras, más allá, algunos cargan ofrendas de todo tipo: Desde enormes sacos de arroz y descomunales raciones de frutas, hasta serenas gallinas y pequeños cuises alborotados. Todo vale.
       Con las guitarras chillando de fondo y una voz aflautada y metálica que parece venir desde otro lado, aprovecho para tomar una especie de caldo caliente con pollo, o al menos eso creo. La choza, humilde en apariencia pero rica en calidez, rebosa felicidad.
La gente carga todo tipo de ofrendas.
        Es la hora y nos colgamos una vez más de la camioneta. Nos dirigimos a la casa en donde se va a realizar el pedido de mano. Cavilo unos cuantos minutos y observo el cielo fascinado, hasta que el lugareño, rompiendo el silencio adormecedor de la noche, me pregunta si juego al fútbol. Le respondo que sí, que juego un campeonato con mis amigos, y rápidamente me contesta que él también y me cuenta que incluso una vez tuvieron la fortuna de salir campeones: -Ganamos una copa, un par de medias y lo mejor... ¡una vaca!, dice con repentina alegría, mientras yo hago todos los esfuerzos posibles para no reír. No es el premio en sí lo que me causa gracia, sino la imagen de unos cuantos tipos haciendo un esfuerzo sobrehumano para cargar una vaca que ganaron en un torneo de fútbol. Damos vueltas, nos perdemos, seguimos dando vueltas, nos volvemos a perder. Finalmente, encontramos el lugar y nos sumamos a una pequeña caravana de gente que avanza a paso lento, pero decidido. Debemos bailar en la calle hasta que las luces de la casa de la pretendida se enciendan, lo que indicaría que la petición de mano fue aceptada. Entonces, bailamos. Bailamos hasta que los pies nos duelen y el piso parece de goma espuma, bailamos hasta quedar extenuados, bailamos hasta pasada la medianoche, bailamos hasta que las luces se prenden y la gente estalla en un dulce grito de júbilo. Ahora podemos entrar en la vivienda. El pequeño recinto parece a medio terminar y está cargado de ofrendas distribuidas azarosamente contra las esquinas. Nos disponemos en torno a una mullida alfombra color crema que descansa sobre el suelo pelado, en el centro de la sala. El padre de la joven, de gesto severo y adusto, le da una serie de consejos al pretendiente mientras balancea enérgicamente las manos de un lado a otro. Habla en Quechua y por eso nos cuesta horrores seguirlo, pero en definitiva es lo que vinimos a buscar. Acá, nos topamos con gente distinta, espejos de una cultura andina auténtica y desinteresada, una cultura totalmente apartada del consumismo y de esa febril carrera por el dinero.(TUITEA ESTO) Así es el aborigen genuino: Feliz en su humildad, una humildad que en algunos casos es doblemente respetable porque es una decisión, y no una imposición. Una humildad que denota la verdadera esencia de Latinoamérica, esa que en nuestro país alguna vez destruyeron a fuerza de armas, sangre y muerte. (TUITEA ESTO)
El pretendiente recibe una catarata de consejos.
       Volvemos a subirnos en la caja de la camioneta, esta vez para regresar a dormir. El viento gélido me oprime con sus brazos de hielo. Nuevamente, pienso en Paradise, en Moriarty y en el whisky. Sobre todo en el whisky. Que bien vendría uno ahora.

5 comentarios:

  1. Gracias por compartirlo!!

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  2. Que alegria que vuelvas a escribir Ale.

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  3. Excelente! Estuve allí, gracias a vos.No te pierdas, vení a verme.Pelu.

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  4. Ahora te pedimos, que escribas más seguido... No nos conformamos con este, queremos más! Hasta la llegada a Bs As no paramos de insistirte! Escribís tan lindo :)

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  5. Viene demasiado lento el tema de los relatos. Hacenos viajar a los q no salimos de la rutina. Llevanos de viaje, dale!!

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