Medellín: Entre cultura y prostitución infantil

«Uno aquí sobrevive porque esta boca no sabe decir lo que ven estos ojos».
Alonso Salazar, No nacimos pa´ semilla.

La Biblioteca España

Es pleno día en Medellín. Un joven y un escritor viajan en un taxi con la música zumbándole en los oídos. El escritor le pide al conductor que baje el volumen y a raíz de esto se genera una aireada discusión que va subiendo de tono poco a poco. Los pasajeros descienden del auto y el taxista decide amenazar al escritor con un pesado fierro que hamaca entre sus manos, ante la mirada atenta y extrañada del joven. Desde lo alto, el sol embiste con su cuerpo de fuego, transformándolo todo en un infierno amarillo. Más indiferente que enojado, el joven saca un arma de la cintura. Parece relajado y mantiene el pulso firme y seguro. Un cálido estruendo cubre la atmósfera de un silencio vacío de valores. El taxista muere en el acto.

       La escena pertenece a la película La Virgen de los Sicarios, una producción franco-colombiana que muestra con crudeza la violenta realidad de Medellín en la década de los 90. Matar era parte de la vida cotidiana y no generaba culpa ni remordimientos. Una simple discusión podía terminar en un asesinato. El escritor y periodista Alonso Salazar, luego de haber hecho un exhaustivo trabajo de campo en los barrios marginales de la ciudad, como Santo Domingo y Popular, retrata esto en su libro: No nacimos pa´ semilla. «Uno aprende a matar sin que eso le moleste el sueño», dice uno de los protagonistas, con una naturalidad que produce escalofríos.


En la actualidad, deterioradas fortalezas de chapa bañan las laderas que rodean a la ciudad como gigantes dormidos que paulatinamente van despertando del letargo de décadas anteriores. En Medellín, la pobreza es directamente proporcional a la altura del barrio y, aunque es evidente que aún queda mucho trabajo por hacer, el vasto crecimiento se percibe en sus  calles, en sus incontables bibliotecas desparramadas por toda la ciudad, en las estrambóticas esculturas de Botero, en los atractivos y abarrotados parques al aire libre; pero por sobre todas las cosas, en su gente amable y formal. Hoy en día, contra todo pronóstico, Medellín destila cultura. Y los Paisas, gentilicio que reciben los nacidos en la ciudad, se muestran orgullosos de ello. El metro, por ejemplo, luce impecable. Los pisos están relucientes y la educación se respira en el aire. Sentimos que estamos en una exótica ciudad europea. Trato de imaginar cómo sería Medellín veinte años atrás, cuando las calles eran intransitables y la gente vivía con miedo. Llego a la conclusión de que resulta imposible tener una real dimensión del cambio si no se leyó a Salazar o a Vallejo, si no se dialoga con los lugareños, si no se recorren los barrios más pobres; ahora iluminados por la Biblioteca España, que se alza solemne sobre las magulladas casitas que adornan el paisaje y le otorgan vida propia. Por otro lado, el metrocable, una especie de teleférico que asciende hacia los barrios ubicados en las zonas montañosas, no deja de sorprender por ser un medio de transporte innovador que se construyó en favor de los más necesitados y que, según nos cuentan, cumplió con creces el objetivo de incluir a los habitantes de la periferia de la ciudad. Por todo esto, Medellín fue galardonada hace poco con el premio a la «ciudad mas innovadora del mundo»

Uno de los tantos parques de Medellín

  Sin embargo, y a pesar de no asemejarse a una ciudad sudamericana en algunos aspectos, al igual que no se asemeja Buenos Aires (esto no lo digo yo, sino varios viajeros que me lo hicieron notar durante el viaje), Medellín tiene todavía mucho camino por recorrer en otros aspectos. El centro de la ciudad está abarrotado de celulares robados que se venden en la calle y parecen reproducirse por fisión binaria. Por la noche, las esculturas de Botero y una luna blanca como la nieve conviven en un ambiente áspero, con borrachos equilibristas y prostitutas menores de edad que se pasean por los suburbios casi desnudas.

Pueblito Paisa

  Es indudable que Medellín ha mejorado considerablemente en los últimos veinte años y también resulta igual de evidente que es una víctima más de la habitual pobreza de las grandes ciudades, aunque hoy posee todas las condiciones para seguir alimentando de educación y cultura a su animada población.

10 comentarios:

  1. Muy interesante tu relato, hasta el próximo.

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  2. Me dejó un gusto amargo...
    Marcela

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  3. Tus crónicas son excelentes. A pesar de la brevedad, las descripciones dan una exacta idea de los lugares y su gente; al fin y al cabo, el objetivo de una verdadera crónica.

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  4. Excelente !!!! mejor relato de esta ciudad imposible !

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  5. Formidable!!!!!!!!!!!!!!! Ale un placer leer tus relatos....
    Besos enormes
    Silvia

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  6. Gracias por un relato tan realista.Un abrazo.Pelu.

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  7. Me quedé con ganas de seguir leyendo más!!!!!! Muy bueno!!! Besos, Malena.

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  8. Medellin …. es MUCHO MAS! …. no me gusto tu relato.!

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    1. El relato puede gustarte o no, pero tené en cuenta que es una mirada subjetiva de la ciudad. Es decir, lo que escribo refleja lo que vivimos y notamos personalmente. A nosotros Medellín nos encantó, desde su gente hasta su cultura. Pero a la vez, la percibimos como una ciudad de muchos contrastes.
      Saludos.
      Alejandro.

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