Cartagena y la otra Cartagena

     
Centro histórico detrás del mar
       El hombre que habla apareció sin que nadie solicitara sus servicios. Casi no toma aire, gesticula demasiado y parece recitar el discurso de memoria, como si lo tuviera grabado. Pienso que si nos contara la historia entera de Cartagena, se nos iría todo el presupuesto del viaje, y lo interrumpo. Le advierto que no tenemos dinero para pagarle. Entonces, el hombre se frena en seco, se despide y se va.
        La ciudad de Cartagena de Indias fue fundada en el año 1533 por Pedro de Heredia y durante la época colonial española fue uno de los puertos más importantes de América. Debido a los constantes ataques y los numerosos asaltos, el rey Felipe II mandó a construir una muralla de once kilómetros de extensión, que sirvió de defensa durante los siglos XVII y XVIII. Es por esto que el estilo de Cartagena fue conservado y, aún hoy, perdura el encanto de aquellos años. Ríos de calles angostas, y veredas más angostas todavía, se abren paso entre antiquísimas fachadas coloridas, y uno siente que se transporta a otro tiempo. Los elegantes carruajes desfilan ante la mirada estupefacta de los transeúntes, que toman fotos y sonríen.

       Nos alojamos en una residencia de mala muerte en el barrio de Getsemaní. El lugar no tiene ventanas, es sucio y por las noches pueden oírse a las ratas caminar en el entretecho. Literalmente, se cae a pedazos. Llegamos ahí por la recomendación de una chica argentina a la cual se le había caído un ventilador encima y le había dejado un considerable tajo en la cara. Nunca entendí bien por qué, a pesar de todo, nos lo recomendó. Supuse que sería por el precio. Tampoco me quedó demasiado claro por qué nos alojamos allí nosotros. Supuse, también, que sería por el precio.

Los carruajes son parte del paisaje

       Recorremos el bullicioso y mugriento barrio de Getsemaní. Cuando el sol se esconde, los borrachos y las prostitutas se apoderan de las calles y el vallenato emerge del interior de los bares con la fuerza de un huracán. Nos gusta. Getsemaní nos gusta. Posee la esencia de Cartagena. Es un retrato más fiel y auténtico de la ciudad, en la que detrás de gigantescos edificios miamescos, de moles de cemento construidas sólo para los extranjeros, se oculta una población pobrísima, una Cartagena sin maquillaje para el turista. La otra Cartagena. 

Habitante de Cartagena

       Visitamos, además, Playa Blanca en la Isla Barú, que en realidad es una península. El viaje es una odisea, pero vale la pena. Tomamos un bus hacia Pasacaballos, luego un ferry y por último una mototaxi que nos lleva por una ruta desolada. El aroma a caribe comienza a percibirse en el aire. Nos bañamos en un mar cálido y cristalino. La arena fina y blanca, como harina, nos envuelve de felicidad. Comemos en los chiringuitos de la playa y nos adentramos en la problemática de los lugareños. Al parecer, los habitantes de la península están en una tensa lucha con las cadenas hoteleras, que buscan desalojarlos e imponer sus «all inclusive». Lamentablemente, me resulta una pelea bastante desigual.

Atardecer en Playa Blanca

       Por la noche, la playa queda desierta y saca a relucir todo su encanto. La falta de electricidad hace que uno deba comer a la luz de las velas, mientras observa el ir y venir constante de amarillentos cangrejos que se confunden con la arena. Pronto instalamos la carpa y nos dormimos escuchando el susurro del mar.  
       Allí conocemos a un hombre que construye imponentes castillos de arena. Pero más bien pareciera que construyese vehículos de último modelo, porque todos se frenan a mirarlos. Recuerdo que un día, un turista que pasaba un tanto distraído se quedó inmóvil al contemplar aquella escultura de arena. Cuando salió de su asombro, con voz de locutor y gesto de filósofo, lanzó al autor de la obra : -¿Y si llueve qué hacés? Entonces, el otro le respondió de una manera memorable:
- Todo el mundo me pregunta qué pasa si llueve o si crece el mar. Las personas siempre ven las complicaciones. Siempre vas a hallar alguna complicación en todo, si la buscás. Yo empiezo a construir el castillo y punto. Si llueve o crece el mar ¿Qué le voy a hacer? ¿Qué puedo hacer? Nada. Simplemente construyo otro más grande. (TUITEALO)
       No voy a negarlo. Su respuesta fue tan simple que me dejó sin palabras.

Arte sobre arena

8 comentarios:

  1. Muy bueno.... como todo lo que escribis...

    Silvia

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  2. Gracias, otra vez, por el recorrido!!!!

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  3. Muy lindo. Que hermosos lugares.

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  4. Excelente crónica. Observaciones hechas con inteligencia y humor. Felicitaciones!

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  5. Bello relato!con sabor a melancolía en las palabras,sensible,agudo..
    Gracias por compartirlo y felicitaciones!!
    Paula

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  6. Dije que iba a leer tu blog y de a poco estoy compliendo con mi palabra =) Muy buen relato. Hay q conocer Cartagena, me lo anoto. ;)

    Sebas V.

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  7. Muy bueno Ale. Saludos a ambos!Pelu

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