Mientras tanto, te conté de un 5 a 0


       Óigame bien parcero: Yo le voy a contar una historia mientras miramos el partido, pero usted se me queda bien calladito, que sino se me alborotan las ideas y me cuesta demasiado trabajo traer a la memoria los hechos. ¿Si me entiende? Aquel 5 de Septiembre de 1993 yo me encontraba muy angustiado. Hacía tan solo una semana, la Doris me había pegado un voleo en el culo y se las había tomado con el Manuel. No sabe lo difícil que resultó aquello para mi. Veía a mi señora en todos lados y hasta «El Pibe» Valderrama se le parecía. No se ria y fíjese que están saliendo los equipos a la cancha. Como le decía: Aquel día era poco menos que un trapo de piso y lo único que me animaba era que Colombia jugaba con Argentina. Sí, igual que hoy, pero en aquella época con el empate nos clasificábamos al mundial.
¿Sabe lo que es para esta patria mía disputar un mundial? Usted ya lo habrá notado. La gente exhibiendo orgullosa la camiseta de Colombia, las calles teñidas de ese amarillo intenso, la alegría. Sobre todo la alegría. Aquí cuando juega la selección es una fiesta, el país se paraliza, las personas no van a trabajar y ganemos o perdamos, salimos a copar las calles. Sí, ya sé que no es como en su país, hombre. Entiendo perfectamente que allá la pasión es con los clubes. Pero acá es distinto. Acá la selección nacional acaricia el alma, entibia los corazones, une hasta a los estratos uno y cinco. ¿Ya le han contado que aquí las clases sociales se denominan de uno a cinco, siendo uno la más pobre y cinco la más rica? ¿No? En fin, no quiero irme demasiado por las ramas. La cuestión es que aquella noche nos jugábamos la clasificación al mundial, nada menos que contra Argentina y en el mismísimo Estadio Monumental. ¿Que si tenía miedo? A decir verdad, tenía un cagazo de la gran puta. Y para colmo, no tenía la compañía de la Doris, que siempre me hacía el aguante cuando lo necesitaba. ¿En qué andará ahora? Ojalá le haya ido bien como la mierda. Disculpe que me ponga así, pero no puedo evitarlo. Y eso que ya pasaron veinte años. Pensar que los primeros días, en la soledad de mi cama, con los ojos hinchados de tanto llorar, fantaseaba que Doris golpeaba la puerta de casa y  yo le abría, y ella me veía con esa mirada tan tierna, esa que saben poner las mujeres para convencerte hasta de lo más insólito e inverosímil, y me abrazaba y me daba un beso enorme y apasionado y me pedía que la llevara a la cama, mientras me contaba que el Manuel la tenía chica, con un cigarro en la boca. Imaginar eso ¿Sabe? me hacía reír muchísimo y aliviaba de alguna manera el dolor. Que lindos son los himnos ¿Vio? le hacen poner a uno la piel de gallina. Pero como le decía, la selección colombiana disputaba uno de los partidos más importantes de su historia y acá todo era algarabía y excitación. Al principio Argentina nos arrinconó y generó algunas situaciones peligrosas de gol. Y yo no hacía más que pensar que era lógico, que el asunto iba a ser complicado, casi imposible, que Argentina venía de ser campeón de las últimas dos ediciones de la Copa América, que cómo carajo íbamos a hacer para ganar allá, con su gente. Pero ese asedio constante, ese hambre, duró sólo los primeros minutos, después ya no. Después nos acomodamos. Mire que ya empieza ¡eh!. Ahora no está Asprilla, pero lo tenemos a Falcao. Y ustedes juegan sin Messi. Bueno, no sea así, permítame ilusionarme. Así que en eso andaba pensando yo cuando veo a Valderrama tomar la pelota en el medio y meter un pase preciso entre líneas para la corrida de Rincón, que parecía andar en moto. Esa noche, todos los delanteros de Colombia parecían andar en moto. ¿Se dió cuenta? Y ahí nomás, Rincón gambeteó al arquero y definió con el arco vacío para llenarnos el pecho de gol. Y así terminamos el primer tiempo. ¿Sabe lo que creí en ese momento? Que los segundos cuarenta y cinco minutos iban a ser un suplicio, un sufrir constante. ¿No era suficiente con lo de Doris y El Manuel ? Porque no sé si le conté, ya estoy grande y a veces me olvido de las cosas, pero El Manuel era mi amigo. Era mi amigo y se fue con mi mujer. ¿Usted sabe lo que es perder a dos personas tan importantes al mismo tiempo, así, de un arrebato? Uno siente que le secuestran el alma y la dejan tirada en plena Avenida Caracas para que el Transmilenio la pase por arriba una y otra vez. Eso siente uno. No exagero, hombre. Le aseguro que no exagero. Vea, los expulsaron a ambos. Sí, yo también creo que está bien. El árbitro hizo lo correcto. Como le contaba, resulta que a veces la vida se empeña en demostrar lo sabia que puede llegar a ser y nos extirpa, al menos por un ratito, un poco de sufrimiento. Dios aprieta pero no ahorca, dice el dicho ¿No es cierto parce? Es como un guiño de la propia vida: Ya tenés demasiado con lo de tu esposa, voy a tener piedad. Y ahicito nomás, a los 4 minutos del segundo tiempo, Asprilla mete el segundo. Y en ese momento, me dio la impresión que el piso se movía, sentí que Colombia se levantaría de una vez por todas para resurgir, como el ave fenix, de sus propias cenizas. No sólo por el 2 a 0, hombre. Al fin y al cabo era sólo un partido de fútbol, pero le puedo jurar por Diosito que yo jamás había visto a Colombia tan unida, tan fuerte. Además, yo no lo sabía pero ese iba a ser un año especial. ¿En serio me pregunta? ¡Ay hombre! ¿Que edad tiene usted? Es que el 2 de diciembre de ese mismo año asesinaron a Pablo Escobar Gaviria ¿Sabe lo que significó aquello para el pueblo colombiano? Nos llenó de ilusión, de esperanza. Pero eso ocurrió después. Aquel día de Septiembre, en cambio, yo ya intuía algo. Le juro. Será por eso que tomé la errónea decisión de salir a la calle por unos cigarros. Tenía tantas cosas en la cabeza que simplemente no podía mantenerme quieto. Ahicito nomás enfilé para lo de El Gordo a buscar mi atado. El Gordo siempre tenía abierto porque no le gustaba el fútbol. ¿Puede creer? Él decía que no entendía como veintidós tipos podían correr detrás de una pelota y que para colmo cincuenta mil boludos se sentaran a mirarlos. Eso decía. Pero, entre nosotros, para mi era medio puto el gordo. Así que en eso andaba cuando enfrente, sentado en un bar, lo veo al Manuel con la Doris. Tomaban cerveza y tenían los rostros llenos de primavera. Y a mi se me estrujaron las tripas, parcero. Se me revolvieron y estuve a punto de vomitar. Sentí que caía en un pozo oscuro y sin fin. Pensé en encararlo a Manuel, saludarlo y partirle la cara de un trompazo, pensé en insultar a Doris, en gritar, en llorar... Pensé en todo. En todo pensé, parcero. Y no hice nada. Sólo agaché la cabeza y seguí caminando y me compré dos atados de puchos y fume en silencio. Y recordé su compañía, esa que ahora tenía el Manuel. La tristeza es más triste cuando se está solo. Le aseguro. Por eso, no alcancé a disfrutar de esa ráfaga de goles en los últimos minutos. No disfruté ni de la vaselina de Asprilla, ni de su magistral pase en el quinto, ni del relator argentino pidiendo que no les hicieran más goles. Ni siquiera disfruté de la portada de su propia revista, aquella con la tapa negra y las letras gigantes amarillas que rezaban: «Verguenza», entre signos de admiración ¿Cómo es que se llamaba? ¿El Gráfico? Sí, creo que era esa. No festeje que lo anularon, parece que también estaba en posición de adelanto. Sí, puede ser. ¿Ve? Ustedes los jóvenes se ensañan en que no. Pero yo le aseguro que antes los tiempos eran mejores. Antes uno iba a la cancha a ver jugar a un equipo, no a un jugador. Veía tres o cuatro goles por partido. A veces cinco. Ahora usted espera que entre Messi para que haga un gol miserable. ¿No le digo? Antes el fútbol era más lindo. En fin, esa fue la última vez que vi a Doris en mi vida. Y sus caras alegres, despreocupadas, no le miento, me quedaron grabadas para siempre. ¿Que si hoy en día estoy solo? Claro que  no, hombre. Yo no puedo estar solo. Sino, siento que me falta algo. Como la mesa que necesita del cartón debajo de la pata para mantenerse estable. Por eso,  hoy me acompaña la Estela. Aunque, entre nosotros, no es como la Doris, parcero. Ella era algo especial. Ella era el amor de mi vida ¿Sabe? era de esos amores que no se olvidan nunca haga lo que haga, pase lo que pase ¿Si me entiende? Oiga, no grite así que lo anularon de nuevo. Posición adelantada de Messi. Menos mal. Ya me había asustado. Y así vivo, hombre. Así vivo. Como puedo. Cargando una pesada mochila en mi espalda. Pero dicen que hay que seguir y sigo. Espérese ahicito que ya vuelvo, que me meo encima, que a mi edad la vejiga parece tener el tamaño de una aceituna. Ahora sí. Le decía: Aquel día disfruté poco. Deambulé por las calles atestadas de olas amarillas que cantaban y gritaban eufóricas, mientras bebían cerveza. Todo el barrio era una fiesta. Y yo por dentro arrastraba toda esa angustia reprimida, ese dolor irreparable que hacía que se me cerrara el pecho y se me anudara la garganta. Pero algo me inducía a sonreír, como si fuese una marioneta a la cual le estiran los labios de ambos lados. ¿Si me entiende? Yo creo que era el bullicio de la gente, ese color intensísimo en las aceras. Afuera esa alegría incontenible y por dentro ese infierno. Un infierno suavizado por el pincel etéreo de Dalí. Y terminó cero a cero nomás. Yo le dije mi amigo, antes el fútbol era realmente fútbol y no lo que es ahora. El partido no dijo demasiado ¿Verdad? Que se yo. A nosotros el punto nos sirve y creo que si no ganamos es por una cosa del destino. ¿No le digo que la vida es sabia? Seguramente es para que no me ponga melancólico, para que mi mente no viaje otra vez a aquel día, al del 5 a 0 digo. Porque uno atesora alegrías, pero también rememora tristezas. Y hay heridas que jamás cierran del todo, hombre ¿Sabe? Y si uno vuelve a abrirlas después hay que esperar que cicatricen. Por eso le digo, quizás este cero a cero aburrido, insípido, sirva para eso, parcero.  Es que hay días en que los recuerdos arrastran de nuevo al dolor para que le haga compañía a uno un rato. Y hoy, le puedo asegurar, no va a ser uno de esos días.

7 comentarios:

  1. Gracias Alejandro por el regalo!!! Pelu.

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  2. ¡Qué buenoooo! Me encantó, cada vez escribís mejor.Muchos besos. Tita

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  3. Hermoso relato..qué bien que decis!!!

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  4. Que placer leerte Ale!!!!!!!!! Male

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  5. Da gusto leerte. Realmente BRILLANTE.

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  6. Ale, no dejo de sorprenderme. Muy lindo.

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  7. te felicito, cuantas pasiones. gracias por compartirlo !

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