Bogotá (Segunda parte)

Uno de las tantos graffitis de Bogotá

       Desde el momento en que vi el pequeño colectivo atravesado sobre la angosta calle adoquinada, intuí que algo pasaría.
La noche nos encuentra caminando entre opacos graffitis y apasionados artistas encubiertos. El barrio desprende toda su bohemia y la exhibe orgulloso. Al llegar a la esquina, el chofer del micro nos pide ayuda para mover aquella mole verdosa, que no se inmuta ante las embestidas de su resignado conductor. Accedemos gustosos. El hombre, de carácter jovial y aspecto desgarbado, parece alegrarse cuando el colectivo por fin arranca, y se ofrece a llevarnos en gesto de agradecimiento. Arriba, el enturbiado cielo amenaza con arrojarnos todo su llanto contenido. Una repentina sensación de regocijo me invade por completo. Siento ganas de reír, y lo hago.


¡Empujeeen!

       Descendemos del vehículo y nos adentramos con cierta dificultad en una especie de tugurio sin ventanas. El humo del cigarrillo forma una densa neblina que se extiende hacia ambos lados del escenario. Hoy se presenta por primera vez en Bogotá una banda de Cali llamada «Haga que pase» y nosotros tendremos el placer de verlos. La música comienza a sonar y, tanto a Sabry como a mi, nos encanta. «Traigo música pal barrio, represento a la calle en cada escenario. Bombo, platillo, cerveza, comentario: los cuatro elementos del vecindario», entona un enérgico líder. Casi creemos flotar entre saxos frenéticos y cálidas melodías de marimba.

Felices en el bus
       Salimos extenuados y aún así caminamos bajo la lluvia hasta la casa de Gabriel. Las finas gotas caen constantes, pero no alcanzan a mojar. A lo lejos, las desérticas calles oscuras se perciben como pasarelas adormecidas de un desfile que ya terminó hace rato. Descansamos como bebés hasta el mediodía.
Por la tarde, volvemos a tomar el Transmilenio hacia el barrio de La Candelaria, y al preguntarle yo a una mujer bajita y amable cómo debía hacer para llegar hasta la Plaza Bolívar, decide bajarse y acompañarnos hasta allá. Así es Colombia. Así es su gente.

El Transmilenio

Recorremos el Museo del Oro, que posee alrededor de 34 mil ejemplares de aquel metal precioso. Las piezas, de un dorado intensísimo, resplandecen ante nuestros sorprendidos ojos. También apreciamos las obras del escultor y pintor Fernándo Botero, uno de los artistas latinoamericanos más reconocidos y cotizados a nivel mundial que, con los años, fue mutando gradualmente sus obras desde el expresionismo hacia una pincelada con figuras y contornos más definidos.

Obra del pintor Fernando Botero

      Regresamos a la casa de Gabriel y nos acostamos temprano. Mañana nos espera Zipaquirá y su imponente Catedral de Sal.

11 comentarios:

  1. Impecable relato!!!! Me encantó! Sigan disfrutando tanto... Besotes ;-)

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  2. Dan ganas de estar ahí...Fue un gusto.

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  3. Con este relato siento que estoy con ustedes en Bogotá.....
    Hermoso. sigan pilotenando su viaje.... los quiero mucho besos....
    silvia

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  4. sigan disfrutandoooo muchos besosss! mica fiorentino

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  5. que lindooooooo y cuantas cosas que me hacen recordar mi viaje !!!!
    Espero ansiosa los comentarios de la Catedral de SAL !!!!

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  6. Cuando se me quede el auto ya se a quien bucar!!! Muy buen relato aletito. No paren de disfrutar!!!

    Guido

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  7. Ale, me causa mucha alegria verte feliz.
    Carlos

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  8. ¡Qué lenguaje tan florido!!! Me encanta todo lo que escribes. Los quiero mucho.¡¡¡Cuídense!!! Besos Tita

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  9. Qué bueno leer tu relato de novela!! Más te quiero y más te admiro! Acuerdo con los otros comentarios. Sigo viajando con ustedes... Besotes!!! Adriana

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  10. Qué lindo chicos, qué lindo Colombia.Y qué lindo el sonido de la Marimba :)
    Mucha suerte!

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